Las 6 Poderosas Doctrinas de la Gracia
Pastor y maestro Reynaldo Estrada

II. LA ELECCIÓN INCONDICIONAL

 

8. LA SUPREMACÍA DE DIOS

 

1. Dice el Salmo 50:21 “Pensabas que de cierto sería yo como tú”.  En la antigüedad, Dios se quejó a un Israel apóstata: “Pensabas que de cierto sería yo como tú”. Nadie puede desbaratar los designios de Dios. Muchos creen que si en realidad Dios se ha forjado un plan o propósito, ha de ser como los suyos, constantemente sujetos a cambios. Declaran abiertamente que sea el que fuere el poder que posee, ha de ser restringido, no sea que invada el territorio del “libre albedrío” del hombre y lo reduzca a una “maquina”. 

2. Rebajan la eficaz expiación, la cual redimió a todos aquellos por los cuales fue hecha, hasta hacer de ella una simple “medicina” que las almas enfermas por el pecado pueden usar si se sienten dispuestas a ello; y desvirtúan la obra invencible del Espíritu Santo, convirtiéndola en una “oferta” del Evangelio que los pecadores pueden aceptar o rechazar a su agrado.

3. La supremacía de Dios nos demanda creer en un Dios absolutamente supremo o no creer en Dios. Un “dios” cuya voluntad puede ser resistida, cuyos designios pueden ser frustrados, y cuyos propósitos pueden ser derrotados, no posee derecho alguno a la deidad, y lejos de ser objeto digno de adoración, merece solamente desprecio.

4. La distancia infinita que existe entre las más poderosas criaturas y el Creador Todopoderoso es prueba de la supremacía del Dios viviente y verdadero. El es el Alfarero, ellas no son más que barro en sus manos, que pueden ser transformadas en vasos de honra, o desmenuzadas (Salmo 2:9) a su gusto.  Tan pueril e impotente para afectar al Altísimo es la criatura, que la Escritura misma nos dice que cuando los príncipes gentiles se unan con Israel apóstata para desafiar a Jehová y su Cristo, “él que mora en los cielos se reirá” (Salmo 2:4)

5. La supremacía absoluta y universal de Dios está positivamente declarada en muchos lugares de la Escritura que no admite duda. “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el  reino, y la altura sobre todos los que están por cabeza... Y Tú señorearás a todos” (1Crónicas 19:11,12). 

6. Nótese que dice “señorearás” ahora, no “señorearás en el Futuro”. “Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres Tú Dios en los cielos, y te enseñorearás en todos los reinos de las Gentes? ¿No está en tu mano  toda fuerza y poder, que no hay quien (ni siquiera el diablo) te resista?” (2Crónicas  20:6).

7. Pero él es Único; ¿quién le hará desistir? Lo que su alma desea, El lo hace”. El Dios de la Escritura no es un monarca falso, ni un simple soberano imaginario, sino Rey de reyes y Señor de señores. “Yo conozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:2), o como alguien ha traducido, “ningún propósito tuyo puede ser frustrado”. El hace todo lo que ha designado. Cumple todo lo que ha decretado. “Nuestro Dios está  en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho” (Salmo 115:3); y, ¿por qué? Porque “no hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo contra Jehová” (Proverbios  21:30).

8. La supremacía de Dios sobre las obras de sus manos está descrita de manera vívida en la Escritura. La materia inanimada y las criaturas irracionales cumplen los mandatos de su Creador. A su mandato el mar Rojo se dividió, y sus aguas se levantaron como muros (Éxodo 14); la tierra abrió su boca y los rebeldes descendieron vivos al abismo (Números 16). Cuando El lo ordenó, el sol se detuvo (Josué 10); y en otra ocasión volvió diez grados atrás en el reloj de Acaz (Isaías  38:8).

9. Para manifestar su supremacía, hizo que los cuervos llevaran comida a Elías (1Reyes 17), que el hierro nadara sobre el agua (2Reyes 6), cerró la boca de los leones cuando Daniel fue arrojado al foso, e hizo que el fuego no quemara cuando los tres jóvenes hebreos fueron echados a las llamas. Así que, “todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos  los abismos” (Salmo 135:6).

10. La Supremacía de Dios se demuestra también en su gobierno perfecto sobre la voluntad de los hombres. Estudiemos cuidadosamente Éxodo 34:24. Tres veces al año, todos los varones de Israel debían dejar sus hogares e ir a Jerusalén, vivían rodeados de pueblos hostiles que les odiaban por haberse apropiado de sus tierras. Siendo así, ¿qué impedía que los cananitas, aprovechando la ausencia de los hombres, mataran a las mujeres y los niños, y tomaran opresión de sus posesiones?

11. Si la mano del todopoderoso no estuviera incluso sobre la voluntad de los impíos, ¿cómo podía prometer que nadie ni siquiera “desearía” sus tierras? “Como los repartimientos de las aguas, así está  el corazón del rey en la mano de Jehová: a todo lo que quiere lo inclina” (Proverbios 21:1). Habrá sin embargo quien ponga en duda una y otra vez esto, leemos en la Escritura, cómo aquellos hombres desafiaron a Dios, resistieron su voluntad, quebrantaron sus mandamientos, desestimaron sus amonestaciones, e hicieron oídos sordos a sus exhortaciones.

12. Sí, es cierto; pero, ¿anula esto lo que hemos dicho anteriormente? Si es así, entonces la Biblia se contradice manifiestamente a sí misma. Pero esto conocimiento de Dios” (Hechos 2:23). Su “consejo” o decreto fue la base de su anticipado conocimiento. No puede ser. El que hace esta objeción se refiere únicamente a la impiedad del hombre contra la palabra externa de Dios, mientras que  lo que hemos mencionado es lo que Dios se ha propuesto en sí mismo. La norma de conducta que El nos ha dado no es cumplida perfectamente por ninguno de nosotros; sin embargo, sus propios “consejos” eternos son cumplidos hasta el más minucioso de los detalles.

13. La Supremacía absoluta y universal de Dios se afirma con igual claridad y certeza en el Nuevo Testamento. Ahí se nos dice que Dios “hace todas las cosas según el consejo de su voluntad” (Efesios 1:11), “hace» en griego, significa “hacer efectivo”. Por esta razón, leemos: “Porque de él, y por él, y en él, son todas las  cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amen. (Romanos 11:36). Los hombres pueden jactarse de ser agentes libres, con voluntad propia, y de que son libres de hacer lo que les plazca, pero a aquellos que, jactándose, dicen: “Iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y compraremos mercadería y ganaremos...”, la Escritura advierte: “En lugar de los cual deberías decir: Si el Señor quisiere» (Santiago. 4:13,15).

14. He aquí, pues, lugar de descanso para el corazón.  Nuestras vidas no son el producto de un destino ciego, ni el resultado de la suerte caprichosa, sino que cada detalle de las mismas fue ordenado por el Dios viviente y soberano. Ni un solo cabello de nuestras cabezas puede ser tocado sin su permiso. “El corazón del hombre  piensa su camino: mas Jehová endereza sus pasos” (Proverbios 16:9). ¡Qué certeza, poder y consuelo debería de proporcionar esto al verdadero cristiano! “En tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15). Así, permítanme decir: “Calla delante de Jehová, y espera en él” (Salmo 37:7). Dios es Supremo.

 

 

 



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