Discipulado - Sigamos a Jesús
Pastor Héctor A. Burgos
Trasfondo Bíblico: Marcos 8:31-38 (énfasis 34-38)
09.19.2009 – FUMC, Ministerio Hispano Casa de Esperanza, Tuckerton NJ (USA)
Estamos viviendo tiempos muy difíciles. La sociedad moderna insiste en que nuestros estilos de vida tienen que dar vuelta alrededor de nosotros mismos. ¿Y qué significa esto? – Mis amados/as, una vida que da vueltas alrededor de uno mismo, es ego centrista, egoísta, y donde el “yo” es lo único que importa.
El valor de la vida, y el valor de las personas se mide en cuanto a lo que dicen, lo que tienen, y el control o poder que posean. Mientras más se tiene más se es. Vemos en las noticias de farándula que solo se resalta los pormenores de los artistas más populares, los más ricos, los más controversiales. Y si nos fijamos detenidamente la gran mayoría de las noticias están centradas en los tres puntos que les comenté definen en estos tiempo “QUIEN UNO ES”. Que si fulano dijo esto, que su fulana tiene aquello, que si perencejo tiene influencias y poder sobre esto y lo otro.
Lamentablemente, esta es una idea que también está infiltrada en la vida de la Iglesia. Hay muchas personas, que aun cuando llegan a los pies de Jesús insisten en querer seguir viviendo bajo las mismas normas que vivían antes de su encuentro con Dios. Quieren seguir viviendo y valorando sus vidas en base a lo que dicen, lo que tienen, y el poder que puedan obtener.
Como el Apóstol Pedro, en el relato que leímos hoy en Marcos, nos resistimos a la idea de que ser discípulo de Jesucristo implica un cambio radical en nuestra identidad y nuestra manera de ser y de vivir. Al igual que Pedro, nosotros/as también muchas veces le queremos decir a Dios como van a ser las cosas; como es que vamos a vivir; y como es que se va a desarrollar nuestra vida como discípulos/as. Decimos: “Señor yo te voy a seguir….pero”. Y todo esto lo hacemos, aun cuando Jesús, como nos aclara el evangelio de Marcos 8:32, nos habla claramente sobre lo que implica llamarse y ser un/a discípulo/a de Jesucristo.
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Como si no fuera suficiente problema las ideas distorsionadas que muchas veces nosotros/as mismos/as nos creamos sobre lo que significa ser discípulos/as de Jesucristo – también tenemos que enfrentarnos a todos estos/as predicadores/as que andan por ahí vendiendo una realidad color de rosa, pero que se aparta completamente del evangelio de Jesucristo.
Están los que sólo hablan de la prosperidad material. Que andan engañando a la gente diciéndoles que la señal más clara de los que son buenos cristianos es su prosperidad material. Todo girando alrededor de lo que se tiene. Y como es de esperarse, vemos esas iglesias llenas de personas, que al igual que Pedro (al momento del relato), aun cuando reconocen a Jesucristo como el Mesías (el Cristo), se niegan a entender el mensaje de la cruz y prefieren vivir engañados/as y engañándose pensando que el cielo es para los que más tengan.
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Por otro lado, tenemos los que venden un evangelio donde no hay sufrimientos. Con descaro le enseñan a la gente que cuando uno viene a Jesucristo, y cree con fe en su poder, desaparecen todos los sufrimientos y tristezas en la vida. Yo todavía no he visto una iglesia de estas que no esté llena de tope a tope los domingos en la mañana – y es que aquí también están personas, que aun cuando siguen a Jesucristo, no quieren o pueden entender las enseñanzas de Jesús sobre lo que significa ser un discípulo/a de Cristo.
Pero, todavía hay otro tipo de cristiano/a. También están los que leen pasajes en la Biblia como el de Marcos 8:31-34, y dicen para si mismos/as: “esto no me aplica a mí, pues en ese pasaje Jesús le estaba hablando a sus discípulos – tal vez eso es solo para los pastores/as, o algunos líderes selectos dentro de la iglesia”. Pero veamos con detenimiento a quien se dirigió Jesús cuando estaba enseñando sobre el precio del discipulado – el versículo 34 nos dice: “Entonces llamó Jesús a la multitud y a sus discípulos”.
La realidad mis amados/as es que esta enseñanza es para todos/as nosotros/as (nadie se queda afuera). Al llamar a la multitud, Jesús nos indica que las condiciones para seguirle son relevantes para todo creyente, y no solo para los discípulos/as.
¿Y cuál es la enseñanza y las condiciones? En el versículo 34, Jesús nos establece el estándar sobre lo que implica ser un discípulo/a de Jesucristo: Si realmente queremos ser discípulos de Jesús tenemos que constantemente: i) negarnos a nosotros/as mismos/as; ii) tomar nuestra cruz; y iii) seguirle.
La realidad es que este estándar de vida es bastante difícil de procesar. De primera mano, no es nada atractivo esto de negarse a uno mismo, tomar su cruz y seguir a Jesús. Pero entiendan algo, negarse a sí mismo – no significa que no vamos a reconocer el valor que tenemos como criaturas creadas en la imagen de Dios, o permitirle al mundo que destruya nuestra autoestima, o permitirle a la gente que nos abusen o maltraten.
Negarse a sí mismo, en el contexto de la enseñanza de Jesús, lo que implica es: renunciar a lo que éramos antes de venir a Jesús. Significa renunciar a nuestros deseos, sueños y metas, para abrir espacio para el propósito de Dios en nuestras vidas, que como nos aclara la Biblia en Romanos 12:2, es bueno, perfecto y agradable para nuestras vidas (por más escandaloso que esto pueda escucharse).
Pero, estemos claros/as que yo no estoy diciendo que no deseemos nada, y mucho menos que no tengamos sueños o metas – lo que nos enseña la Palabra es: que si realmente anhelamos seguir a Jesucristo TENEMOS que asegurarnos que todas estas cosas (nuestros sueños, metas y ambiciones) estén alineadas con el propósito de Dios.
Negarnos a nosotros/as mismos/as, también significa resistir la tentación de permitirle al mundo que nos diga quiénes somos y como debemos vivir – y resistir vivir egoístamente solamente pensando en nuestras necesidades, aun cuando la Biblia nos enseña a siempre tener en cuenta a los demás.
Negarnos a nosotros/as mismo implica que no solo tenemos que reconocer a Jesús como el Cristo, sino también vivir como Cristo espera que vivamos. Y entender, como expresó el Apóstol Pablo en 1 Corintios 6:12, que aun cuando todas las cosas nos son permitidas, no todas nos convienen.
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Por otro lado, Jesús también nos llama a tomar nuestra cruz. Mis amados/as, cuando se escribió el evangelio de Marcos, los cristianos/as literalmente cargaban cruces y perdían sus vidas por causa de su fe en Jesucristo. Pero aun cuando las palabras del Apóstol Marcos se refieren directamente a la situación de los discípulos de aquel tiempo, cargar la cruz de Jesucristo hoy, implica asumir en humildad la carga y el peso que conlleva ser un discípulo de Jesús.
Significa vivir luchando y resistiendo el pecado en nuestras vidas. Significa dominar, con la ayuda del Espíritu Santo, los deseos pecaminosos que tratan de apartarnos de Dios y de su propósito para nuestras vidas.
Cargar la cruz de Jesucristo incluye levantarnos en contra de toda expresión de maldad, como lo hizo Jesús, predicando y viviendo el evangelio de Jesucristo en todo momento y lugar. Comenzando en nuestros hogares (con nuestro testimonio), y de ser necesario en las esquinas y hasta frente a las estructuras de poder, que muchas veces oprimen a nuestro pueblo y nos quieren imponer estilos de vida que se oponen a la verdad del evangelio de Jesucristo.
Y finalmente, implica entender que tomar la cruz de Jesucristo resultará lamentablemente en la burla y el rechazo de algunas personas, que aun cuando en amor les prediquemos, nos rechazaran por causa de nuestra fe.
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El último estándar que Jesús dio a sus discípulos fue – síganme. Y seguir a Jesús, desde mi punto de vista, es simplemente vivir nuestra fe en el día a día. Saben, hay muchas personas que si fuera necesario y las circunstancias los obligaran, estarían dispuestos/as a morir literalmente por su fe, pero a quienes se les hace muy difícil vivir por Cristo en su diario vivir.
Seguir a Jesucristo en nuestros tiempos no es otra cosa sino ir a donde Jesús iría. Ayudar a los que el ayudaría. Amar como el nos ama; aceptarnos los unos a los otros, como somos aceptados (tal cual somos) por Dios, y perdonar, como el nos perdona (entre otras cosas).
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Mis amados/as, como cristianos/as, Dios no nos llama a vivir indecisos, o entre los bordes de la generación pecaminosa a la que se refirió Jesús y el Reino de Dios, sino a conscientemente tomar la decisión de identificarnos con El, con su estilo de vida, su sufrimiento y su victoria. Y si te asusta pensar que el destino final del cristiano es la muerte (porque el final de la cruz vemos muerte). Entiende que el final del camino de un discípulo no es la crucifixión, ni la muerte, sino la resurrección. Es la victoria y la promesa de la vida eterna en la presencia de Dios.
En este tiempo, pidámosle al Espíritu Santo, la determinación y la fortaleza para que podamos aceptar humildemente la invitación de Jesús de negarnos a nosotros/as mismos/as, a tomar nuestra cruz y a seguirle a donde el nos quiera llevar.